jueves, 17 de abril de 2014

II


Ibrahim ibn Mahmud Al-Wajid cruzaba las áridas tierras de lo que hoy, en este mundo -pero que no es el nuestro- se llama Irak, la descendiente malograda del Imperio Asirio.
Era el año 1635, pero él no vivía en ese año. Había ido a tal fecha para encontrar una inscripción que un pastor hurtó hace unos meses de lo que fuera Nínive.
Esto al menos le dijeron en el 2006...

Año 2006.
Ibrahim tuvo una reunión” con un grupo selecto de personalidades, que lo habían raptado, para evitar eufemismos-. El cabecilla de aquel grupo se decía el “Fénix”. Lo seguían “Hazel”, el de los ojos y cabellos imposiblemente claros, y el “Errante”, el más incógnito de los tres.
Ibrahim había luchado por 3 días y 2 noches en el desierto de Irak contra tales individuos, y la contienda terminó con él sometido. Fue enviado a una cárcel secreta, debajo de lo que parecía ser una inmensa corporación tecnológica.
Ya en la celda, recibió la visita los que fueran sus contrincantes
¿Por qué destruyes el pasado?” le preguntó el Fénix, sin mover los labios.
Para que la humanidad no tenga memoria y deba empezar de nuevo” lo dijo de la misma manera el iraquí. “Esto es ilegal, no pueden apresar a nadie porque sí”.
Lo es así mismo destruir museos y restos arqueológicos” profirió, sin palabras, Hazel.
¿Qué quieren de mí?”
Queremos saber quién eres. Si determinamos que no eres una amenaza, saldrás. Si lo eres, te enfrentarás a uno de nosotros a muerte” contestó el Fénix.
Ibrahim se aferró a los barrotes, y por primera vez, hizo sentir su voz, pero ya en árabe, su única lengua:
Malditos invasores. Ustedes dicen traer la paz, hipócritas. No saben lo que hacen”
El Errante se acercó a él, y le habló en su idioma, para el asombro de todos:
Nosotros no invadimos. No somos del Imperio Chino. Simplemente queremos saber por qué modificas el tiempo y por qué destruyes ciudades antiguas”
El Imperio Chino es el dominante en aquel mundo y tiempo, con un área de influencia que se extiende desde Rusia y Medio Oriente hasta Norteamérica, con la sola excepción de Europa, unificada en un Estado.
El iraquí respondió: “Quiero encontrar a Marduk, patriarca de los dragones”.
Esas palabras alertaron a Hazel, quien pidió un momento a solas con el prisionero. El joven ingresó a la celda y tomó asiento ante el cautivo.
Estoy reformando la historia para encontrar a Marduk, para tener una palabra con él. Quiero saber por qué él, siendo un dios, nos abandonó y abandonó a sus demás criaturas, los reptiles.”
Hazel, entonces, asido de la información portátil que pudo disponer, le dijo dónde y cuándo buscar, el último mensaje de Marduk.

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